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SALUD FEMENINA Y FEMINISMO(S)

A veces cuando hablo con otras mujeres sobre algún aspecto de salud femenina o menstrual me comentan: “ah!, también eres feminista”, o “tu manera de hablar de la salud femenina incluye la perspectiva feminista”. Obviamente el hablar de salud femenina o menstrual no te convierte automáticamente feminista y desde ahí, entiendo estos comentarios. Ser feminista va mucho más allá de hablar de unos determinados temas, aunque a veces en este mundo no lo parezca, e implica un proceso de personal que debe nutrirse de lecturas, reflexiones, experiencias y relaciones que te llevan a vivir de una manera totalmente diferente en todos los aspectos de tu vida.

Sin embargo, para mí hablar, enseñar o divulgar sobre salud femenina está intrínsecamente relacionado con el feminismo. Puede que esta visión personal se deba a la forma en cómo yo llegué al feminismo y que fue precisamente a través del cuerpo, de mi cuerpo cíclico. Y es que cuando estaba descubriendo la riqueza que implicaba vivirse desde la naturaleza cíclica femenina y decidí comenzar a compartirlo con otras mujeres, sentí de manera intuitiva que necesitaba nutrir todo ello del sustrato teórico que para mí sustentaba la vivencia cíclica de los cuerpos, y que era el feminismo.

La relación entre ciclo menstrual y feminismo también la estaba viviendo desde la práctica, y no solo desde la teoría, ya que en ese tiempo estaba descubriendo la riqueza de la relación entre mujeres, en concreto entre mujeres amigas, Alejandra, Catalina, Pamela… Ellas fueron las que me pusieron delante el feminismo de la Diferencia sexual, el acercarme a conocer mi ciclo o a otras mujeres que escribían sobre todo ello como Erika Irusta. Las mujeres amigas y las mujeres que comenzaba a leer me llevaron a otras muchas mujeres, a espacios feministas, a prácticas de relación diferente, a reflexiones sobre el peso del sistema patriarcal en nuestro cuerpo y en nuestra salud. Todo ello hacía y hace más rico mi conocimiento y vivencias sobre la salud femenina y menstrual.

Sin embargo, mientras me adentraba en el feminismo, veía que como movimiento o teoría de pensamiento no es algo homogéneo, sino que es diverso y dispar. Y es precisamente este hecho el que le hace más rico porque, en realidad, es en la diversidad o disparidad donde está la verdad de la vida. Nunca en la historia de la humanidad ninguna corriente de pensamiento, lucha o movimiento han sido completamente homogéneos y el feminismo no podía ser menos. Así que la supuesta fragmentación o disgregación del feminismo que se muestra muchas veces, es una estrategia más del patriarcado. Pero eso es otro tema… Esa diversidad y disparidad del feminismo hace que a lo largo del tiempo y desde sus diferentes perspectivas temas como la sexualidad, los derechos reproductivos, la relación con la menstruación y muchos otros aspectos que influyen en nuestra salud femenina se hayan planteado de forma diferente. ¡En la riqueza está el gusto!!

Desde el feminismo de la igualdad o de los derechos, los temas que más relación tienen con nuestra salud son, por ejemplo, los derechos reproductivos o las leyes del aborto. El momento de las grandes reivindicaciones del feminismo, años 70 del siglo XX, se conoce como es el de la “liberación de la mujer”. La ley del divorcio o del aborto se redactaban en muchos países de Europa o los anticonceptivos hormonales llevaban a las mujeres como una “mágica píldora” que las prometía una liberación sexual nunca antes imaginaba. Aspectos como estos supusieron, sin duda, enormes ganancias para las mujeres de aquel momento y las de después. Aunque, incluso hoy todavía hay países en los que la mujer no puede decidir libremente sobre su cuerpo y someterse a un aborto es considerado delito.

Peeeero, siempre hay un “pero” en la vida, nada es blanco o negro, muchos de esos aspectos suponen darnos una “supuesta libertad” pero sin cambiar nada del sistema patriarcal y en concreto de la sexualidad masculina patriarcal que es la que lleva, en muchos casos, a las mujeres a decidir someterse a un aborto, o tener que ser ella la única responsable de controlar o gestionar su fertilidad. Una auténtica libertad sexual es, por ejemplo, poder decidir sobre el método anticonceptivo que quieres emplear, conociendo cómo funciona tu ciclo fértil, consultando las distintas opciones de anticonceptivos y sabiendo los pros y los contras de cada uno, que en el caso de la píldora tiene unos cuantos de estos últimos. En todo caso, no hay que olvidar que las reivindicaciones de muchas feministas de ese tiempo, trajeron cambios importantísimos para la vida de las mujeres. Solo que quizás, hay que ir más allá de los derechos, que no en contra, como ya hicieron los grupos de autoconsciencia feminista abriendo el camino del autoconocimiento del cuerpo, de la fertilidad y de la sexualidad femenina.

En esta segunda ola del feminismo de los setenta, además del feminismo de la igualdad, surgieron diversas visiones del pensamiento y la práctica del feminismo. Una de ellas fue lo que unos años después se bautizó con el nombre del feminismo de la diferencia sexual. De este feminismo surgieron valiosos conceptos como la política del deseo, la libertad relacional, el orden simbólico de la madre o el partir de sí que, sin duda, a las que nos hemos adentrado en la comprensión y práctica de todos ellos, nos han traído una experiencia vital mucho más rica y profunda desde lo femenino y nos han permitido poner palabras a muchas cosas que ya estaban en nuestra vida pero que no sabíamos nombrar.

Este feminismo también ha sido cuestionado, pues el hecho de centrar sus ideas en el concepto de la diferencia sexual femenina, y también masculina, ha hecho que haya sido tildado de esencialista y últimamente de binario. Pero creo que esto se debe a la visión que se tiene del concepto de diferencia. Esta, desde fuera se puede concebir como algo que nos coloca en un lugar inferior, como ha ocurrido tradicionalmente desde el patriarcado en cuanto a lo femenino en relación a lo masculino. Pero lo que afirma el feminismo de la diferencia sexual, es que la diferencia femenina es un Más que vale la pena llevarla a la vida, a la de cada una. Un Más que supone hacer un menos de lo masculino, y en el que ocurren cosas maravillosas como los cuidados, que últimamente se ha demostrado rotundamente que son los que sostienen el mundo. En definitiva, la diferencia sexual nos está hablando de la posibilidad de ver y vivir la realidad desde la experiencia libre y singular.

Desde la vocación del feminismo de la diferencia de traer al mundo lo femenino como un más, como algo que valorar y que visibilizar y desde el que construir una nueva manera de relaciones; se ha puesto en el centro la vivencia positiva de la maternidad, se ha desarrollado la ciencia médica de la diferencia, o se ha abordado lo positivo de los ciclos naturales de la vida de las mujeres como es el ciclo menstrual o el climaterio. Y autoras como Núria Beitia o Carme Valls-Llobet lo han puesto por escrito. Desde mi experiencia, el hecho de pensarme desde el feminismo de la diferencia ha sido fundamentar para dibujar desde dónde transmito los saberes del cuerpo de las mujeres y del ciclo menstrual. He podido dar valor a la relación entre mujeres o affidamento, y por ello, me encanta encontrarme con mujeres en presencia para realizar mis talleres. Considero importantísimo pensar y vivir nuestros ciclos desde la experiencia, porque el conocimiento científico de nuestra salud es fundamental, pero nadie sabe tanto de nuestros cuerpos como nosotras mismas y, además, cuando estos saberes se comparten con otras todavía se hacen más grandes, ampliando nuestro propio autoconocimiento. Y por supuesto, ahora valoro enormemente, el vivirme desde mi cuerpo sexuado de mujer y, así intento transmitirlo. Pero este cambio no ha sido fácil, sino que ha supuesto todo un trabajo largo de reconocimiento de mí misma, de las que me acompañan en la vida y también de las mujeres que me precedieron.

Otras miradas del feminismo también han contribuido a hacer más grande la experiencia menstrual y femenina. Por ejemplo, desde el Ecofeminismo, que considera que toda agresión a la tierra y al medio ambiente revierte en nuestra salud, el ciclo menstrual se vincula con una vivencia más sana y estrecha con la naturaleza. Más sana, porque se apuesta por la eliminación de contaminantes y tóxicos para poder menstruar más saludablemente. Y más estrecha porque la conexión con la naturaleza nos recuerda que nuestro ciclo menstrual, y nuestros ciclos vitales son reflejo y espejo de los ciclos de la naturaleza y, por lo tanto, de la vida. Además, esta relación entre salud, ciclo menstrual y vida, nos recuerda que nuestra sangre menstrual es precisamente sangre de vida. El Ecofeminismo es una invitación no solo a menstruar, sino a vivir en relación y conexión con la tierra.

Para ir acabando, quería hablar de la aportación del Transfeminismo o Feminismo queer a la vivencia de los menstrual. El cual desde mi experiencia en el feminismo sería un ejemplo claro de esa disparidad que existe en el feminismo, entendida como algo rico y diverso. No estoy muy cerca de los planteamientos de este feminismo, pero a la vez me dejo permear por lo que tenga que aportarme. Y considero que una de las aportaciones más importantes de este feminismo en cuanto a los cuerpos y el ciclo menstrual es el hecho de que está abriendo la puerta para mostrar muchas más realidades menstruales de las podemos pensar que existen a priori. También hay hombres trans que menstrúan, también hay personas no binarias que menstrúan y que, sin duda, tienen una vivencia muy interesante que aportar y que compartir. Ya que precisamente, el feminismo para mí es un espacio de relaciones vivas que nos dispone a la escucha y a la apertura para acoger a la otra (persona).

Por ello, más allá de una mirada o un posicionamiento concreto en el feminismo, lo realmente importante es vivirlo como un lugar de encuentro(s) para hacer más grande nuestra experiencia en el mundo y en concreto para hacer más grande nuestra experiencia de menstruar o experiencias propias de los procesos de la salud femenina. Vivir el ciclo menstrual, el embarazo o la lactancia desde el feminismo nos permite ir más allá de nuestra propia realidad personal, nos permite ampliar la mirada y con esa mirada grande podemos ver, explorar y compartir todas las implicaciones que tiene la salud femenina a muchos niveles, comunes y colectivos. Por todo ello, la salud femenina se convierte en un hecho político y esta afirmación puedo hacerla precisamente porque el feminismo atraviesa mi vivencia y conocimiento de la salud femenina.

Ilustración de Gabrielle a.k.a. Belligera

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